Vasos comunicantes

Como un relicario de propósitos incumplidos, laja sobre laja, el tiempo viene a cubrir, a contraer, a desvelar. Lo que oculta y encuentra, contracción y vuelo del mundo, son idénticos. Los dioses que están impresos en una cara, en la otra descubren su país y su valor es el metal. Una vez despegados del tacto, la profundidad es posible porque ya se ha entrañado. Miramos las viejas monedas prescindiendo de los dedos que las hicieron girar sobre mesas ya desaparecidas. Ellos también son lajas, su polvo cubre nuestras costumbres y aquí, lo que hiergue,  lo que resuena en ti mismo, lo sientes como un alivio, un campo cuarto oscuro al que se entra para salir. Mientras, toca madera; recuerda, cuerpo. El brillo y la escasez, ese es tu valor, no tu precio.

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