Versátil

En la continuidad de la selva la excepción no detiene, avisa. Es un claro, imagen afín a los metales, dorado rodeado de verde donde uno puede detenerse, pero no habitar si quiere conocer los límites. Tan fácil e irreal como hacer de una piedra un trono, de esa caña el eje del mundo que hago zumbar sobre mi cabeza.  Pero sólo estoy rodeando el camino. En él pienso en un paseo que no conozco y que se me hace familiar y placentero, como mirar el reflejo del sol a través de un brillo húmedo, hacer de la lisura una extensión del día. Aún no se ha despertado ni el calor y he roto la caña entre las manos.

Después vuelvo a la oscuridad de la fronda. Acá he de ser yo el que cambie, sin una imagen fija no distingo el río. En esa oscuridad ocurre, como siempre, lo improbable. Alguien grita una palabra, después, un nombre. Como lo que me rodea, la palabra no tiene un igual. Acampa y se mezcla en el siguiente paso como un animal oscuro. Llega hasta aquí tras haber nacido del aviso de la manda y del placer inesperado. La palabra que indistingue un rostro que ha dejado de ser nuestro. Pero es la herramienta que nos queda y que tantas veces ha embotado el filo de las cosas. Todo es más corto, ahora que ya oigo los motores de la camioneta y no he tenido tiempo para sentirme incómodo. Hazte versátil; no olvides que ahí fuera estás expuesto y los tiempos caminan y los tiempos caminan.

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