En el pliegue (bandada)

Donde no caben los dioses tampoco hemos aprendido a entrar nosotros.
Nos señalaron la contingencia y el terror, la conveniencia de acompañarse en lo oscuro, que la inmortalidad nada puede contra el olvido.
Los reservamos del envío de la postal fácil que diga nunca estuve aquí, lo viví por otro, pero de momento he prevalecido.
De eso se trata, de cualquier cosa, de repetir la gracia oída en un viaje que no se detuvo para ver: “qué altos son los sueños”. Más alta es la noche.
Rara vez nos cruzamos en las escaleras falsas de las abstracciones y llegamos lejos, a lugares que no sabemos habitar. Entonces nos quedamos dormidos y la vida nos descubre, plagados de ejemplos.
Aquí la fuente, allí el río, allá el mar.

 

Imagen que  se agradece a http://www.sigfredoharo.com/

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