Versátil

En la continuidad de la selva la excepción no detiene, avisa. Es un claro, imagen afín a los metales, dorado rodeado de verde donde uno puede detenerse, pero no habitar si quiere conocer los límites. Tan fácil e irreal como hacer de una piedra un trono, de esa caña el eje del mundo que hago zumbar sobre mi cabeza.  Pero sólo estoy rodeando el camino. En él pienso en un paseo que no conozco y que se me hace familiar y placentero, como mirar el reflejo del sol a través de un brillo húmedo, hacer de la lisura una extensión del día. Aún no se ha despertado ni el calor y he roto la caña entre las manos.

Después vuelvo a la oscuridad de la fronda. Acá he de ser yo el que cambie, sin una imagen fija no distingo el río. En esa oscuridad ocurre, como siempre, lo improbable. Alguien grita una palabra, después, un nombre. Como lo que me rodea, la palabra no tiene un igual. Acampa y se mezcla en el siguiente paso como un animal oscuro. Llega hasta aquí tras haber nacido del aviso de la manda y del placer inesperado. La palabra que indistingue un rostro que ha dejado de ser nuestro. Pero es la herramienta que nos queda y que tantas veces ha embotado el filo de las cosas. Todo es más corto, ahora que ya oigo los motores de la camioneta y no he tenido tiempo para sentirme incómodo. Hazte versátil; no olvides que ahí fuera estás expuesto y los tiempos caminan y los tiempos caminan.

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Vasos comunicantes

Como un relicario de propósitos incumplidos, laja sobre laja, el tiempo viene a cubrir, a contraer, a desvelar. Lo que oculta y encuentra, contracción y vuelo del mundo, son idénticos. Los dioses que están impresos en una cara, en la otra descubren su país y su valor es el metal. Una vez despegados del tacto, la profundidad es posible porque ya se ha entrañado. Miramos las viejas monedas prescindiendo de los dedos que las hicieron girar sobre mesas ya desaparecidas. Ellos también son lajas, su polvo cubre nuestras costumbres y aquí, lo que hiergue,  lo que resuena en ti mismo, lo sientes como un alivio, un campo cuarto oscuro al que se entra para salir. Mientras, toca madera; recuerda, cuerpo. El brillo y la escasez, ese es tu valor, no tu precio.

Animal armado

Un animal de fuego que aparece en la noche. Sencillo, pero sin forma, se construye una y otra vez en uno mismo. Compañero fiel del descanso, animal que se descubre cubierto de plumas, de ojos, de luz. Él es la vibración que nos desconecta de lo vibrante, él es la resolución de nuestros futuros, la ubicación serena de nuestros infiernos. Como su bíblico hermano, este posee una espada de fuego y por ella morimos, dulcemente, antes de entrar en los jardines del sueño.