Después veré

No es tanto el que está como el que se extiende. A ello se aferra este remedo de la vida que gravamos en la transparencia del aire. Continuidad somos y como tal mi discurso se mira en lo indistinto, mi trazo en la corriente, como si hubiese alguien de qué convencer con esta retórica. Las expresiones están lejos de agotarse y con ellas nos sostenemos, aves suspendidas entre lo informe.
A esta forja del aire como cauces de banquetes, exploraciones ciegas de una química que se ha llevado lo flexible, le cedemos el abandono. Fijar por escrito para evitarnos un presente mondo, discutir para que el descubrimiento no nos llene la casa de luz y la oscuridad de encuentro. Lo que nos rompe el cuerpos es matriz que viene a generar los oscuros, dignos perfiles que dan al día el día.
Como el contrapunto anima, por ausencia algunas veces se aprende. Basta la raíz o el cielo y el calor o verse reducido al ímpetu. Para lo demás, me evitaré dar vueltas sobre mí mismo. A tientas y en lo hollado, como una voz predestinada, se significa lo que parece único una vez se ha mezclado. Movimiento y firma, como quien reconoce las cualidades del arado por los destrozos en la cosecha.

Por un instante me mira, con un solo ojo, hueco, cuando lo permite la analogía. Ella está en nosotros, inclinación a ser pan, a vivir sierpe, a derribar lo construido para fundar lo seguro. Ahí miente.
Como un ejemplo, el mundo, estrépito y elegancia, cae sin dejarse nada en el camino, a excepción de la paz. Pero ella siempre estuvo en este tramo. Su dibujo es ejemplar, ha trazado la circunferencia sin dejar huella, ha unido centro y superficie desde la transparencia. Cómo consigue sostenerse: no lo hace. Es una desnudez de la que no se prenden las formas. Si su puerta ha de abrirse, cualquier atención vale. Permaneceré firme mirando esta imagen en la que falto y si aparezco, como no habrá nadie delante, tendremos que dar las gracias a los dioses.

Imagen elaborada por <a href="http://lbecerrov.blogspot.com.es/">Leticia Becerro Viñas</a>.

Imagen elaborada por Leticia Becerro Viñas.

Versátil

En la continuidad de la selva la excepción no detiene, avisa. Es un claro, imagen afín a los metales, dorado rodeado de verde donde uno puede detenerse, pero no habitar si quiere conocer los límites. Tan fácil e irreal como hacer de una piedra un trono, de esa caña el eje del mundo que hago zumbar sobre mi cabeza.  Pero sólo estoy rodeando el camino. En él pienso en un paseo que no conozco y que se me hace familiar y placentero, como mirar el reflejo del sol a través de un brillo húmedo, hacer de la lisura una extensión del día. Aún no se ha despertado ni el calor y he roto la caña entre las manos.

Después vuelvo a la oscuridad de la fronda. Acá he de ser yo el que cambie, sin una imagen fija no distingo el río. En esa oscuridad ocurre, como siempre, lo improbable. Alguien grita una palabra, después, un nombre. Como lo que me rodea, la palabra no tiene un igual. Acampa y se mezcla en el siguiente paso como un animal oscuro. Llega hasta aquí tras haber nacido del aviso de la manda y del placer inesperado. La palabra que indistingue un rostro que ha dejado de ser nuestro. Pero es la herramienta que nos queda y que tantas veces ha embotado el filo de las cosas. Todo es más corto, ahora que ya oigo los motores de la camioneta y no he tenido tiempo para sentirme incómodo. Hazte versátil; no olvides que ahí fuera estás expuesto y los tiempos caminan y los tiempos caminan.